Ficha 1.- Los Padres y la Televisión: No teman a los Monstruos

Ficha 1.- Los Padres y la Televisión: No teman a los Monstruos

Mucha gente piensa que la fantasía, sobretodo cuando tiene elementos que atemorizan, no es buena para los niños. Las brujas, los elfos, los "transformers", los fantasmas, no son personajes queridos de los padres. Sí lo son de los niños, que ven una y otra vez las mismas películas, series y videos en que aparecen estos personajes, para cada vez gritar, o llorar un poco o taparse con las sábanas y decir "!Que susto, mamá!"

¿Será: entonces que todos los niños son masoquistas?

Difícil imaginarse una especie donde los cachorros buscan lo que les dañan. O una Creación Divina tan imperfecta, porque perder el paraíso es más bien cosa de adultos. A través de la historia, en todas las culturas, encontramos mitos, rituales, religiones que incorporan el miedo y lo exorcizan. ¿Estarían todos nuestros antepasados equivocados? Improbable.

Lo que pasa es que los niños, como con todos los seres primitivos, viven en un mundo que no pueden ni empezar a comprender.Los cuentos de hadas con las brujas, como antes los mitos o rituales, ayudaron a darle nombre e identidad a los miedos infantiles. Hoy lo hacen los personajes de la tele, los "malos" que siempre están en todas las películas y series.

La vida de los niños está llena de miedos aun sin los mitos, los cuentos de hada o la televisión. Imagínense que uds. no tuvieran lenguaje y sintieran cosas que no pueden compartir o nombrar. La desesperación es mayor cuando uno no puede tomar algo que siente y protegerse de él echarlo, por ejemplo. El control sobre muchas de nuestras sensaciones más primitivas esta ayudado por el lenguaje y por los símbolos y por las acciones. El niño que puede decir "Tengo miedo" ya tiene resuelto la mitad de sus miedos. Antes de eso, puede decir "viene el Cuco, mamá" y con ese cuco inventado, fantaseado, creado sabiamente por las nanas y los abuelos y los padres chilenos, el niño ya puede simbolizar el miedo. Puede compartirlo, protegerse de él, cobijarse hasta que pase.

Un niño que puede canalizar su temor cósmico a lo desconocido a través de ogros, gigantes, y hadas que aparecen y desaparecen o en la tele hoy a través de xxxxx (agregar personajes asustantes de programas de niños actuales) tiene la posibilidad de liberarse de ese miedo cuando descubre que no existe, que ya no esta, que puede arrancar de él, que solo esta en la pantalla o en el libro pero no en la realidad. Y los niños distinguen realidad de fantasía de una manera que es aun misteriosa para la ciencia, pero tienen esa distinción mucho antes de lo que sus padres creen. Y además, es así como aprenden a lidiar con miedos difusos, muchos de los cuales  volverán, disfrazados probablemente, a través de toda su vida.

Con frecuencia pacientes adultos relatan con preocupación cómo pueden pasar largos ratos soñando con su propia muerte, su propio entierro, la muerte de sus hijos, un terremoto, el fin del mundo, el abandono del amado, la quiebra de su empresa. Llegan a tener angustia verdadera, física, tan vívido ha sido para ellos la fantasía en que se han sumido...voluntariamente. Como el niño
que quiere repetirse la serie donde más susto tiene. Este es un fenómeno normal. También los adultos, igual que
lo hacen los niños, exorcizan sus miedos mirándolos y gozando el despertar.

En el psicoanalizas, los sueños, las pesadillas, juegan un rol muy importante en el conocimiento y comprensión del inconsciente. Son consideradas material de análisis en la terapia pero también una forma de "limpieza" de aquello que no podemos recordar porque nos produce miedo.

Entonces, no es la tele, es la vida.

El miedo y la fantasía del miedo son parte de crecer y de aprender a vivir. Enfrentarse al miedo es una tarea de los niños para ser adultos sanos. Los "monstruos", para llamar a estos personajes que personifican el miedo, nos ayudan a saber qué tememos y como enfrentarnos a eso. Es interesante escuchar las historias fantaseadas de los niños. Los padres deberían hacer eso. Porque a veces ellos le ganan a los montruos, a veces es al revés y eso habla de ellos, de cómo se sienten. No hay que hacer nada, solo escuchar.

En otras palabras, la vida es con miedo. Este miedo se concreta a media que tenemos lenguaje y entendemos mejor el mundo. Pero nunca desaparece por completo. Las series de televisión con "monstruos" no son en sí mismas malas para los niños, al revés, son necesarias. Nos permiten a nosotros conocer mejor a nuestros hijos y es una medida indirecta importante para saber si se sienten fuertes o frágiles. Y les permiten a ellos aprender tempranamente a lidiar con sus miedos, conociéndolos y creando recursos para enfrentarlos.

Es fácil creer que la tele es la responsable de las cosas malas que les pasan a los niños, porque entonces los padres podemos restringir o eliminar el mal. Ojala fuera tan fácil. Nosotros los adultos tenemos miedo y con frecuencia los niños nos despiertan los peores miedos porque frente a ellos y sus penas y terrores nos enfrentamos a los impredecibles de la vida y ese es siempre el miedo más grande. Ver o soñar que vemos a nuestros niños sufrir es casi una tortura para los padres. Pero ese temor difuso que a veces es pánico y que es consustancial al rol de padres, es también un miedo que tienen que aprender a sentir, tolerar, y que los mantendrá alertas toda la vida. Es parte del aprendizaje de ser padres, como los "monstruos" para a los niños.

Si aceptamos que el miedo no es malo en sí, que está allí para quedarse, que a veces es necesario porque nos avisa el peligro, que podemos vivir con él y no sucumbir, que si no arrancamos lo vencemos la mayoria de las veces, entonces tal vez podemos enfrentarnos a los miedos de nuestros hijos con mas serenidad.

Porque lo peor nunca es el miedo, es el miedo al miedo lo que enferma a las personas.


Tal vez si pudiéramos escuchar y acompañar a nuestros hijos en sus miedos difusos a los "monstruos", veremos que nosotros también tenemos los propios, menos fáciles de enfrentar que al fantasma, pero igual de grande e impredecible.